Tanto para Margot como para Gisèle, pasar el fin de semana lejos de sus respectivas casas, era bueno para recordar que estaban vivas. Ocurría cuando la hija de Gisèle no llegaba a la ciudad y cuando Margot quería huir. La mayoría de las veces escogían un balneario cercano a la ciudad y ahí se quedaban a contar las olas del mar por la tarde. Era común que Margot tuviera más necesidad de viajar que Gisèle. Margot es pájaro, Gisèle es nido.
Cuando todo parecía marchar con natural rutina entre la arena y el agua salada, Margot mueve su cuerpo, parece un animal de caza, un ser que necesita camuflarse entre mundos que desconoce completamente. Ella se aleja de Gisèle. Gisèle enciende un cigarro. Ella camina lentamente, sus pies parecen hundirse más de la cuenta en la arena y sus huellas simulan una serpiente a penas salida del cascarón. Gisèle acomoda su mirada hacia el horizonte. Sus pensamientos ascienden como cometas, sin dirección alguna. Ella no regresa, su cuerpo ya no es una sombra difusa en la playa. Gisèle se acurruca en su propio cuerpo, se mece con delicadeza, cierra los ojos, por poco el tiempo le parece insignificante. Casi olvida a Margot.
Hasta que ella vuelve, como vuelven los pájaros, parece que volando y tarareando alguna canción que nadie olvida fácilmente. Ella y Gisèle caminan en dirección contraria al horizonte. No hablan. Deben regresar a su refugio de sábados y domingos.
Cuando todo parecía marchar con natural rutina entre la arena y el agua salada, Margot mueve su cuerpo, parece un animal de caza, un ser que necesita camuflarse entre mundos que desconoce completamente. Ella se aleja de Gisèle. Gisèle enciende un cigarro. Ella camina lentamente, sus pies parecen hundirse más de la cuenta en la arena y sus huellas simulan una serpiente a penas salida del cascarón. Gisèle acomoda su mirada hacia el horizonte. Sus pensamientos ascienden como cometas, sin dirección alguna. Ella no regresa, su cuerpo ya no es una sombra difusa en la playa. Gisèle se acurruca en su propio cuerpo, se mece con delicadeza, cierra los ojos, por poco el tiempo le parece insignificante. Casi olvida a Margot.
Hasta que ella vuelve, como vuelven los pájaros, parece que volando y tarareando alguna canción que nadie olvida fácilmente. Ella y Gisèle caminan en dirección contraria al horizonte. No hablan. Deben regresar a su refugio de sábados y domingos.
Esa misma noche, Margot acomoda su cabeza en la almohada, parece querer soltar la risa pero se reprime. Muerde sus labios, abre sus ojos y masajea las sábanas como si quisiera quitarles algo de sobra. Ella parece inquieta, sin miedos.
Gisèle no deja de mirar a Margot. Tiene ambas manos atrapadas bajo la almohada, como un niño preparando un rezo. A penas y se le siente respirar. Ella cierra los ojos, fuertemente. Quiere despertar.
Margot se detiene, juega a ser estatua. Luego de un par de segundos respira hondo y acurruca su cuerpo junto a Gisèle.
Margot dice:
- Si te lo cuento a ti, es porque te creo.
- ¿Qué me quieres contar?
- ¿No te das cuenta?
- No, no sé qué pasa, ya… cuéntame
Margot respira y continúa:
- ¿Te acuerdas cuando hoy día estábamos en la playa y yo me fui a caminar por ahí, lejos?
- Ay mujer, obvio que me acuerdo, me dejaste sola mucho tiempo.
- Sí, bueno… pero a mí el tiempo se me hizo nada.
- ¿Por qué lo dices?
- Ah, es que yo iba caminando, mirando el mar, estaba tranquila, hasta un poco contenta ¿sabes? Y en eso algo pasó, que lo vi…
- ¿Qué viste?
- No, no qué. ¡A quién!
- ¿A quién viste?
- A un hombre.
- ¿Y qué pasó ahí? ¿Te dijo algo? ¿Qué hacía ahí?
- ¡Tantas preguntas Gisèle!
- Bueno, pero me tienes llena de curiosidad, cuéntame todo.
- Yo le hablé, ni siquiera me acuerdo qué fue lo que le dije, pero le hablé y después estábamos sentados uno al lado del otro, hablando como si los dos hubiésemos estado escapando de algo terrible. Tú me entiendes… momentos raros, difíciles…
- No me habías dicho que te sentías mal, te hubiera acompañado yo en ese caso.
- Pero Gisèle, no te pongas grave, él fue muy amable, seguro te caería bien si lo conocieras. De hecho pensaba invitarlo para que mañana saliéramos los tres, pero como fue todo tan de repente, se me olvidó decirle.
- Menos mal, no tengo ganas de conocer gente aquí. Además la idea de venir y salir de la rutina por un par de días era eso, salir de lo que hacemos siempre y eso incluye hablar con gente que en tu vida has visto.
- No es para que te enojes conmigo, yo solamente te digo que me puso contenta hablar con él… mira, mañana voy a salir temprano en la mañana, quizás está de nuevo ahí, donde lo encontré hoy día.
- No me enojo Margot, no pienses eso.
- No es eso lo que me dice tu cara, si te vieras…
- Ya, está bien, si prefieras anda mañana y pasa el día con ese misterio de hombre, después me cuentas cómo te fue con eso, ¿te parece mejor así?
- Sí
- Hasta mañana…
- Hasta mañana Gisèle.